Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
3785Con tanta gracia y donaire decía cuanto decía Isabela, 3786que la reina se le aficionó en estremo y mandó que se quedase en su servicio, y se la entregó a una gran señora, 3787su camarera mayor, para que la enseñase el modo de vivir suyo. 3788Ricaredo, que se vio quitar la vida en quitarle a Isabela, estuvo a pique de perder el juicio; y así, 3789temblando y con sobresalto, se fue a poner de rodillas ante la reina, a quien dijo: 3790-Para servir yo a Vuestra Majestad no es menester incitarme con otros premios que con 3791aquellos que mis padres y mis pasados han alcanzado por haber servido a sus reyes; pero, 3792pues Vuestra Majestad gusta que yo la sirva con nuevos deseos y pretensiones, 3793querría saber en qué modo y en qué ejercicio podré mostrar que cumplo con la obligación en que Vuestra Majestad me pone. 3794-Dos navíos -respondió la reina- están para partirse en corso, de los cuales he hecho general al barón de Lansac: 3795del uno dellos os hago a vos capitán, 3796porque la sangre de do venís me asegura que ha de suplir la falta de vuestros años. Y advertid a la merced que os hago, 3797pues os doy ocasión en ella a que, correspondiendo a quien sois, sirviendo a vuestra reina, 3798mostréis el valor de vuestro ingenio y de vuestra persona, 3799y alcancéis el mejor premio que a mi parecer vos mismo podéis acertar a desearos. Yo misma os seré guarda de Isabela, 3800aunque ella da muestras que su honestidad será su más verdadera guarda. Id con Dios, que, pues vais enamorado, 3801como imagino, grandes cosas me prometo de vuestras hazañas. 3802Felice fuera el rey batallador que tuviera en su ejército diez mil soldados amantes 3803que esperaran que el premio de sus vitorias había de ser gozar de sus amadas. Levantaos, Ricaredo, 3804y mirad si tenéis o queréis decir algo a Isabela, porque mañana ha de ser vuestra partida. 3805Besó las manos Ricaredo a la reina, estimando en mucho la merced que le hacía, 3806y luego se fue a hincar de rodillas ante Isabela; y, queriéndola hablar, no pudo, 3807porque se le puso un nudo en la garganta que le ató la lengua y las lágrimas acudieron a los ojos, 3808y él acudió a disimularlas lo más que le fue posible. Pero, con todo esto, 3809no se pudieron encubrir a los ojos de la reina, pues dijo: 3810-No os afrentéis, Ricaredo, de llorar, 3811ni os tengáis en menos por haber dado en este trance tan tiernas muestras de vuestro corazón: 3812que una cosa es pelear con los enemigos y otra despedirse de quien bien se quiere. Abrazad, Isabela, 3813a Ricaredo y dadle vuestra bendición, que bien lo merece su sentimiento. 3814Isabela, que estaba suspensa y atónita de ver la humildad y dolor de Ricaredo, que como a su esposo le amaba, 3815no entendió lo que la reina le mandaba, antes comenzó a derramar lágrimas, tansin pensar lo que hacía, 3816y tan sesga y tan sin movimiento alguno, que no parecía sino que lloraba una estatua de alabastro. 3817Estos afectos de los dos amantes, tan tiernos y tan enamorados, hicieron verter lágrimas a muchos de los circunstantes; 3818y, sin hablar más palabra Ricaredo, y sin le haber hablado alguna a Isabela, 3819haciendo Clotaldo y los que con él venían reverencia a la reina, se salieron de la sala, llenos de compasión, 3820de despecho y de lágrimas. 3821Quedó Isabela como huérfana que acaba de enterrar sus padres, 3822y con temor que la nueva señora quisiese que mudase las costumbres en que la primera la había criado. En fin, se quedó, 3823y de allí a dos días Ricaredo se hizo a la vela, combatido, entre otros muchos, 3824de dos pensamientos que le tenían fuera de sí: 3825era el uno considerar que le convenía hacer hazañas que le hiciesen merecedor de Isabela; y el otro, 3826que no podía hacer ninguna, si había de responder a su católico intento, 3827que le impedía no desenvainar la espada contra católicos; y si no la desenvainaba, 3828había de ser notado de cristiano o de cobarde, 3829y todo esto redundaba en perjuicio de su vida y en obstáculo de su pretensión. 3830Pero, en fin, determinó de posponer al gusto de enamorado el que tenía de ser católico, 3831y en su corazón pedía al cielo le deparase ocasiones donde, con ser valiente, cumpliese con ser cristiano, 3832dejando a su reina satisfecha y a Isabela merecida.
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