Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
3700Las galas estaban ya a punto, los parientes y los amigos convidados, 3701y no faltaba otra cosa sino hacer a la reina sabidora de aquel concierto; porque, sin su voluntad y consentimiento, 3702entre los de ilustre sangre, no se efetúa casamiento alguno; pero no dudaron de la licencia, y así, 3703se detuvieron en pedirla. 3704Digo, pues, que, estando todo en este estado, cuando faltaban los cuatro días hasta el de la boda, 3705una tarde turbó todo su regocijo un ministro de la reina que dio un recaudo a Clotaldo: 3706que su Majestad mandaba que otro día por la mañana llevasen a su presencia a su prisionera, la española de Cádiz. 3707Respondióle Clotaldo que de muy buena gana haría lo que su Majestad le mandaba. Fuese el ministro, 3708y dejó llenos los pechos de todos de turbación, de sobresalto y miedo. 3709-¡Ay -decía la señora Catalina- , si sabe la reina que yo he criado a esta niña a la católica, 3710y de aquí viene a inferir que todos los desta casa somos cristianos! 3711Pues si la reina le pregunta qué es lo que ha aprendido en ocho años que ha que es prisionera, 3712¿qué ha de responder la cuitada que no nos condene, por más discreción que tenga? 3713Oyendo lo cual Isabela, le dijo:
-No le dé pena alguna, señora mía, ese temor, 3714que yo confío en el cielo que me ha de dar palabras en aquel instante, por su divina misericordia, 3715que no sólo no os condenen, sino que redunden en provecho vuestro. 3716Temblaba Ricaredo, casi como adivino de algún mal suceso. 3717Clotaldo buscaba modos que pudiesen dar ánimo a su mucho temor, 3718y no los hallaba sino en la mucha confianza que en Dios tenía y en la prudencia de Isabela, 3719a quien encomendó mucho que, por todas las vías que pudiese escusase el condenallos por católicos; que, 3720puesto que estaban promptos con el espíritu a recebir martirio, todavía la carne enferma rehusaba su amarga carrera. 3721Una y muchas veces le aseguró Isabela estuviesen seguros que por su causa no sucedería lo que temían y sospechaban, 3722porque, aunque ella entonces no sabía lo que había de responder a las preguntas que en tal caso le hiciesen, 3723tenía tan viva y cierta esperanza que había de responder de modo que, como otra vez había dicho, 3724sus respuestas les sirviesen de abono. 3725Discurrieron aquella noche en muchas cosas, especialmente en que si la reina supiera que eran católicos, 3726no les enviara recaudo tan manso, por donde se podía inferir que sólo querría ver a Isabela, 3727cuya sin igual hermosura y habilidades habría llegado a sus oídos, como a todos los de la ciudad. 3728Pero ya en no habérsela presentado se hallaban culpados, 3729de la cual culpa hallaron sería bien disculparse con decir que desde el punto que 3730entró en su poder la escogieron y señalaron para esposa de su hijo Ricaredo. Pero también en esto se culpaban, 3731por haber hecho el casamiento sin licencia de la reina, aunque esta culpa no les pareció digna de gran castigo. 3732Con esto se consolaron, y acordaron que Isabela no fuese vestida humildemente, como prisionera, sino como esposa, 3733pues ya lo era de tan principal esposo como su hijo. Resueltos en esto, otro día vistieron a Isabela a la española, 3734con una saya entera de raso verde, acuchillada y forrada en rica tela de oro, 3735tomadas las cuchilladas con unas eses de perlas, y toda ella bordada de ríquisimas perlas; 3736collar y cintura de diamantes, y con abanico a modo de las señoras damas españolas; sus mismos cabellos, 3737que eran muchos, rubios y largos, entretejidos y sembrados de diamantes y perlas, le sirvían de tocado. 3738Con este adorno riquísimo y con su gallarda disposición y milagrosa belleza, 3739se mostró aquel día a Londres sobre una hermosa carroza, 3740llevando colgados de suvista las almas y los ojos de cuantos la miraban. 3741Iban con ella Clotaldo y su mujer y Ricaredo en la carroza, y a caballo muchos ilustres parientes suyos. 3742Toda esta honra quiso hacer Clotaldo a su prisionera, por obligar a la reina la tratase como a esposa de su hijo. 3743Llegados, pues, a palacio, y a una gran sala donde la reina estaba, entró por ella Isabela, 3744dando de sí la más hermosa muestra que pudo caber en una imaginación. Era la sala grande y espaciosa, 3745y a dos pasos se quedó el acompañamiento y se adelantó Isabela; y, como quedó sola,
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