Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
3653que no habían de querer dar a una esclava (si este nombre se podía 3654dar a Isabela) lo que ya tenían concertado de dar a una señora. Y así, perplejo y pensativo, 3655sin saber qué camino tomar para venir al fin de su buen deseo, pasaba una vida tal, que le puso a punto de perderla. 3656Pero, pareciéndole ser gran cobardía dejarse morir sin intentar algún género de remedio a su dolencia, 3657se animó y esforzó a declarar su intento a Isabela. 3658Andaban todos los de casa tristes y alborotados por la enfermedad de Ricaredo, que de todos era querido, 3659y de sus padres con el estremo posible, así por no tener otro, 3660como porque lo merecía su mucha virtud y su gran valor y entendimiento. No le acertaban los médicos la enfermedad, 3661ni él osaba ni quería descubrírsela. En fin, puesto en romper por las dificultades que élse imaginaba, 3662un día que entró Isabela a servirle, viéndola sola, con desmayada voz y lengua turbada le dijo: 3663-Hermosa Isabela, tu valor, tu mucha virtud y grande hermosura me tienen como me vees; 3664si no quieres que deje la vida en manos de las mayores penas que pueden imaginarse, responda el tuyo a mi buen deseo, 3665que no es otro que el de recebirte por mi esposa a hurto de mis padres, de los cuales temo que, 3666por no conocer lo que yo conozco que mereces, me han de negar el bien que tanto me importa. 3667Si me das la palabra de ser mía, yo te la doy, desde luego, como verdadero y católico cristiano, de ser tuyo; que, 3668puesto que no llegue a gozarte, como no llegaré, hasta que con bendición de la Iglesia y de mis padres sea, 3669aquel imaginar que con seguridad eres mía será bastante a darme salud y a 3670mantenerme alegre y contento hasta que llegue el felice punto que deseo. 3671En tanto que esto dijo Ricaredo, estuvo escuchándole Isabela, los ojos bajos, 3672mostrando en aquel punto que su honestidad se igualaba a su hermosura, y a su mucha discreción su recato. Y así, 3673viendo que Ricaredo callaba, honesta, hermosa y discreta, le respondió desta suerte: 3674-Después que quiso el rigor o la clemencia del cielo, que no sé a cuál destos estremos lo atribuya, 3675quitarme a mis padres, señor Ricaredo, y darme a los vuestros, agradecida a las infinitas mercedes que me han hecho, 3676determiné que jamás mi voluntad saliese de la suya; y así, sin ella tendría no por buena, 3677sino por mala fortuna la inestimable merced que queréis hacerme. 3678Si con su sabiduría fuere yo tan venturosa que os merezca, desde aquí os ofrezco la voluntad que ellos me dieren; y, 3679en tanto que esto se dilatare o no fuere, 3680entretengan vuestros deseos saber que los míos serán eternos y limpios en desearos el bien que el cielo puede daros. 3681Aquí puso silencio Isabela a sus honestas y discretas razones, y allí comenzó la salud de Ricaredo, 3682y comenzaron a revivir las esperanzas de sus padres, que en su enfermedad muertas estaban. 3683Despidiéronse los dos cortésmente: él, con lágrimas en los ojos; ella, 3684con admiración en el alma de ver tan rendida a su amor la de Ricaredo, el cual, levantado del lecho, 3685al parecer de sus padres por milagro, no quiso tenerles más tiempo ocultos sus pensamiento. Y así, 3686un día se los manifestó a su madre, diciéndole en el fin de su plática, que fue larga, 3687que si no le casaban con Isabela, que elnegársela y darle la muerte era todo una misma cosa. Con tales razones, 3688con tales encarecimientos subió al cielo las virtudes de Isabela Ricaredo, 3689que le pareció a su madre que Isabela era la engañada en llevar a su hijo por esposo. 3690Dio buenas esperanzas a su hijo de disponer a su padre a que con gusto viniese en lo que ya ella también venía; 3691y así fue; que, diciendo a su marido las mismas razones que a ella había dicho su hijo, 3692con facilidad le movió a querer lo que tanto su hijo deseaba, 3693fabricando escusas que impidiesen el casamiento que casi tenía concertado con la doncella de Escocia. 3694A esta sazón tenía Isabela catorce y Ricaredo veinte años; y, en esta tan verde y tan florida edad, 3695su mucha discreción y conocida prudencia los hacía ancianos. 3696Cuatro días faltaban para llegarse aquél en el cual sus padres de Ricaredo 3697querían que su hijo inclinase el cuello al yugo santo del matrimonio, 3698teniéndose por prudentes y dichosísimos de haber escogido a su prisionera por su hija, 3699teniendo en más la dote de sus virtudes que la mucha riqueza que con la escocesa se les ofrecía.
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