Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
3308-¿Cómo una? -respondió la llorosa-. Cien mil me hizo, y diera él un dedo de la mano porque me fuera con él a su posada; 3309y aun me parece que casi se le saltaron las lágrimas de los ojos después de haberme molido. 3310-No hay dudar en eso -replicó la Gananciosa-. Y lloraría de pena de ver cuál te había puesto; 3311que en estos tales hombres, y en tales casos, no han cometido la culpa cuando les viene el arrepentimiento; y tú verás, 3312hermana, si no viene a buscarte antes que de aquí nos vamos, y a pedirte perdón de todo lo pasado, 3313rindiéndosete como un cordero. 3314-En verdad -respondió Monipodio- que no ha de entrar por estas puertas el cobarde envesado, 3315si primero no hace una manifiesta penitencia del cometido delito. 3316¿Las manos había él de ser osado ponerlas en el rostro de la Cariharta, ni en sus carnes, 3317siendo persona que puede competir en limpieza y gan[an]cia con la misma Gananciosa que está delante, 3318que no lo puedo más encarecer? 3319-¡Ay! -dijo a esta sazón la Juliana-. No diga vuesa merced, señor Monipodio, mal de aquel maldito, 3320que con cuán malo es, le quiero más que a las telas de mi corazón, 3321y hanme vuelto el alma al cuerpo las razones que en su abono me ha dicho mi amiga la Gananciosa, 3322y en verdad que estoy por ir a buscarle. 3323-Eso no harás tú por mi consejo -replicó la Gananciosa-, 3324porque se estenderá y ensanchará y hará tretas en ti como en cuerpo muerto. Sosiégate, hermana, 3325que antes de mucho le verás venir tan arrepentido como he dicho; y si no viniere, 3326escribirémosle un papel en coplas que le amargue. 3327-Eso sí -dijo la Cariharta-, que tengo mil cosas que escribirle. 3328-Yo seré el secretario cuando sea menester -dijo Monipodio-; y, aunque no soy nada poeta, todavía, 3329si el hombre se arremanga, se atreverá a hacer dos millares de coplas en daca las pajas, y, 3330cuando no salieren como deben, yo tengo un barbero amigo, gran poeta, que nos hinchirá las medidas a todas horas; 3331y en la de agora acabemos lo que teníamos comenzado del almuerzo, que después todo se andará. 3332Fue contenta la Juliana de obedecer a su mayor; y así, todos volvieron a su gaudeamus, 3333y en poco espacio vieron el fondo de la canasta y las heces del cuero. Los viejos bebieron sine fine; los mozos adunia; 3334las señoras, los quiries. Los viejos pidieron licencia para irse. Diósela luego Monipodio, 3335encargándoles viniesen a dar noticia con toda puntualidad de todo 3336aquello que viesen ser útil y conveniente a la comunidad. 3337Respondieron que ellos se lo tenían bien en cuidado y fuéronse. 3338Rinconete, que de suyo era curioso, pidiendo primero perdón y licencia, 3339preguntó a Monipodio que de qué servían en la cofradía dos personajes tan canos, tan graves y apersonados. 3340A lo cual respondió Monipodio que aquéllos, en su germanía y manera de hablar, se llamaban avispones, 3341y que servían de andar de día por toda la ciudad avispando en qué casas se podía dar tiento de noche, 3342y en seguir los que sacaban dinero de la Contratación o Casa de la Moneda, para ver dónde lo llevaban, 3343y aun dónde lo ponían; y, en sabiéndolo, 3344tanteaban la groseza del muro de la tal casa y diseñaban el lugar más conveniente 3345para hacer los guzpátaros -que son agujeros- para facilitar la entrada. En resolución, 3346dijo que era la gente de más o de tanto provecho que había en su hermandad, 3347y que de todo aquello que por su industria se hurtaba llevaban el quinto, como Su Majestad de los tesoros; y que, 3348con todo esto, eran hombres de mucha verdad, y muy honrados, y de buena vida y fama, 3349temerosos de Dios y de sus conciencias, que cada día oían misa con estraña devoción. 3350-Y hay dellos tan comedidos, especialmente estos dos que de aquí se van agora, 3351que se contentan con mucho menos de lo que por nuestros aranceles les toca. Otros dos que hay son palanquines, 3352los cuales, como por momentos mudan casas, saben las entradas y salidas de todas las de la ciudad, 3353y cuáles pueden ser de provecho y cuáles no.
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