Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
2800déste hasta el último día de nuestra vida, verdaderos amigos. «Yo, señor hidalgo, soy natural de la Fuenfrida, 2801lugar conocido y famoso por los ilustres pasajeros que por él de contino pasan; mi nombre es Pedro del Rincón; 2802mi padre es persona de calidad, porque es ministro de la Santa Cruzada: quiero decir que es bulero, o buldero, 2803como los llama el vulgo. Algunos días le acompañé en el oficio, y le aprendí de manera, 2804que no daría ventaja en echar las bulas al que más presumiese en ello. Pero, 2805habiéndome un día aficionado más al dinero de las bulas que a las mismas bulas, 2806me abracé con un talego y di conmigo y con él en Madrid, donde con las comodidades que allí de ordinario se ofrecen, 2807en pocos días saqué las entrañas al talego y le dejé con más dobleces que pañizuelo de desposado. 2808Vino el que tenía a cargo el dinero tras mí, prendiéronme, tuve poco favor, aunque, 2809viendo aquellos señores mi poca edad, 2810se contentaron con que me arrimasen al aldabilla y me mosqueasen las espaldas por un rato, 2811y con que saliese desterrado por cuatro años de la Corte. Tuve paciencia, encogí los hombros, sufrí la tanda y mosqueo, 2812y salí a cumplir mi destierro, con tanta priesa, que no tuve lugar de buscar cabalgaduras. 2813Tomé de mis alhajas las que pude y las que me parecieron más necesarias, 2814y entre ellas saqué estos naipes -y a este tiempo descubrió los que se han dicho, que en el cuello traía-, 2815con los cuales he ganado mi vida por los mesones y ventas que hay desde Madrid aquí, jugando a la veintiuna;» y, 2816aunque vuesa merced los vee tan astrosos y maltratados, usan de una maravillosa virtud con quien los entiende, 2817que no alzará que no quede un as debajo. Y si vuesa merced es versado en este juego, 2818verá cuánta ventaja lleva el que sabe que tiene cierto un as a la primera carta, 2819que le puede servir de un punto y de once; que con esta ventaja, siendo la veintiuna envidada, 2820el dinero se queda en casa. Fuera desto, 2821aprendí de un cocinero de un cierto embajador ciertas tretas de quínolas y del parar, 2822a quien también llaman el andaboba; que, así como vuesa merced se puede examinar en el corte de sus antiparas, 2823así puedo yo ser maestro en la ciencia vilhanesca. Con esto voy seguro de no morir de hambre, porque, 2824aunque llegue a un cortijo, hay quien quiera pasar tiempo jugando un rato. 2825Y desto hemos de hacer luego la experiencia los dos: armemos la red, 2826y veamos si cae algún pájaro destos arrieros que aquí hay; quiero decir que jugaremos los dos a la veintiuna, 2827como si fuese de veras; que si alguno quisiere ser tercero, él será el primero que deje la pecunia. 2828-Sea en buen hora -dijo el otro-, 2829y en merced muy grande tengo la que vuesa merced me ha hecho en darme cuenta de su vida, 2830con que me ha obligado a que yo no le encubra la mía, que, diciéndola más breve, es ésta: 2831«yo nací en el piadoso lugar puesto entre Salamanca y Medina del Campo; mi padre es sastre, enseñóme su oficio, 2832y de corte de tisera, con mi buen ingenio, salté a cortar bolsas. 2833Enfadóme la vida estrecha del aldea y el desamorado trato de mi madrastra. Dejé mi pueblo, 2834vine a Toledo a ejercitar mi oficio, y en él he hecho maravillas; 2835porque no pende relicario de toca ni hay faldriquera tan escondida que mis dedos no visiten ni mis tiseras no corten, 2836aunque le estén guardando con ojos de Argos. Y, en cuatro meses que estuve en aquella ciudad, 2837nunca fui cogido entre puertas, ni sobresaltado ni corrido de corchetes, ni soplado de ningún cañuto. 2838Bien es verdad que habrá ocho días que una espía doble dio noticia de mi habilidad al Corregidor, el cual, 2839aficionado a mis buenas partes, quisiera verme; mas yo, que, por ser humilde, no quiero tratar con personas tan graves, 2840procuré de no verme con él, y así, salí de la ciudad con tanta priesa, 2841que no tuve lugar de acomodarme de cabalgaduras ni blancas, ni de algún coche de retorno, o por lo menos de un carro.» 2842-Eso se borre -dijo Rincón-; y, pues ya nos conocemos, no hay para qué aquesas grandezas ni altiveces: 2843confesemos llanamente que no teníamos blanca, ni aun zapatos. 2844-Sea así -respondió Diego Cortado, que así dijo el menor que se llamaba-; y, pues nuestra amistad, como vuesa merced, 2845señor Rincón, ha dicho, ha de ser perpetua, comencémosla con santas y loables ceremonias.
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