Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
2619Todos suplicaron a Leonisa diese aquel favor a quien tanto la quería, 2620pues en ello no iría contra el decoro de su honestidad. Hizo Leonisa lo que le rogaron, 2621y el cadí le pidió le pusiese las manos sobre la cabeza, porque él llevase esperanzas de sanar de su herida; 2622en todo le contentó Leonisa. Hecho esto y habiendo dado un barreno al bajel de Hazán, 2623favoreciéndoles un levante fresco que parecía que llamaba las velas para entregarse en ellas, se las dieron, 2624y en breves horas perdieron de vista al bajel del cadí, el cual, con lágrimas en los ojos, 2625estaba mirando cómo se llevaban los vientos su hacienda, su gusto, su mujer y su alma. 2626Con diferentes pensamientos de los del cadí navegaban Ricardo y Mahamut; y así, 2627sin querer tocar en tierra en ninguna parte, pasaron a la vista de Alejandría de golfo lanzado, y, sin amainar velas, 2628y sin tener necesidad de aprovecharse de los remos, llegaron a la fuerte isla del Corfú, donde hicieron agua, y luego, 2629sin detenerse, pasaron por los infamados riscos Acroceraunos; y desde lejos, al segundo día, descubrieron a Paquino, 2630promontorio de la fertilísima Tinacria, a vista de la cual y de la insigne isla de Malta volaron, 2631que no con menos ligereza navegaba el dichoso leño. 2632En resolución, bajando la isla, de allí a cuatro días descubrieron la Lampadosa, y luego la isla donde se perdieron, 2633con cuya vista [Leonisa] se estremeció toda, viniéndole a la memoria el peligro en que en ella se había visto. 2634Otro día vieron delante de sí la deseada y amada patria; renovóse la alegría en sus corazones, 2635alborotáronse sus espíritus con el nuevo contento, que es uno de los mayores que en esta vida se puede tener, 2636llegar después de luengo cautiverio salvo y sano a la patria. Y al que a éste se le puede igualar, 2637es el que se recibe de la vitoria alcanzada de los enemigos. 2638Habíase hallado en la galeota una caja llena de banderetas y flámulas de diversas colores de sedas, 2639con las cuales hizo Ricardo adornar la galeota. Poco después de amanecer sería, 2640cuando se hallaron a menos de una legua de la ciudad, y, bogando a cuarteles, 2641y alzando de cuando en cuando alegres voces y gritos, se iban llegando al puerto, 2642en el cual en un instante pareció infinita gente del pueblo; que, 2643habiendo visto cómo aquel bien adornado bajel tan de espacio se llegaba a tierra, 2644no quedó gente en toda la ciudad que dejase de salir a la marina. 2645En este entretanto había Ricardo pedido y suplicado a Leonisa que se adornase 2646y vistiese de la misma manera que cuando entró en la tienda de los bajaes, 2647porque quería hacer una graciosa burla a sus padres. Hízolo así, y, añadiendo galas a galas, perlas a perlas, 2648y belleza a belleza, que suele acrecentarse con el contento, 2649se vistió de modo que de nuevo causó admiración y maravilla. Vistióse asimismo Ricardo a la turquesca, 2650y lo mismo hizo Mahamut y todos los cristianos del remo, que para todos hubo en los vestidos de los turcos muertos. 2651Cuando llegaron al puerto serían las ocho de la mañana, que tan serena y clara se mostraba, 2652que parecía que estaba atenta mirando aquella alegre entrada. Antes de entrar en el puerto, 2653hizo Ricardo disparar las piezas de la galeota, que eran un cañón de crujía y dos falconetes; 2654respondió la ciudad con otras tantas. 2655Estaba toda la gente confusa, esperando llegase el bizarro bajel; pero, cuando vieron de cerca que era turquesco, 2656porque se divisaban los blancos turbantes de los que moros parecían, temerosos y con sospecha de algún engaño, 2657tomaron las armas y acudieron al puerto todos los que en la ciudad son de milicia, 2658y la gente de a caballo se tendió por toda la marina; 2659de todo lo cual recibieron gran contento los que poco a poco se fueron llegando hasta entrar en el puerto, 2660dando fondo junto a tierra y arrojando en ella la plancha, soltando a una los remos, todos, uno a uno, 2661como en procesión, salieron a tierra, la cual con lágrimas de alegría besaron una y muchas veces, 2662señal clara que dio a entender ser cristianos que con aquel bajel se habían alzado. 2663A la postre de todos salieron el padre y madre de Halima, y sus dos sobrinos, todos, como está dicho, 2664vestidos a la turquesca; hizo fin y remate la hermosa Leonisa, cubierto el rostro con un tafetán carmesí. 2665Traíanla en medio Ricardo y Mahamut, 2666cuyo espectáculo llevó tras si los ojos de toda aquella infinita multitud que los miraba.
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