Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
2422con presupuesto que jamás me has de tratar cosa que a tu declarada pretensión pertenezca, 2423que en la hora que tal hicieres, en la misma me despediré de verte, 2424porque no quiero que pienses que es de tan pocos quilates mi valor, 2425que ha de hacer con él la cautividad lo que la libertad no pudo: como el oro tengo de ser, con el favor del cielo, 2426que mientras más se acrisola, queda con más pureza y más limpio. Conténtate con que he dicho que no me dará, 2427como solía, fastidio tu vista, porque te hago saber, Ricardo, que siempre te tuve por desabrido y arrogante, 2428y que presumías de ti algo más de lo que debías. Confieso también que me engañaba, 2429y que podría ser que hacer ahora la experiencia me pusiese la verdad delante de los ojos el desengaño; y, 2430estando desengañada, fuese, con ser honesta, más humana. Vete con Dios, que temo no nos haya escuchado Halima, 2431la cual entiende algo de la lengua cristiana, a lo menos de aquella mezcla de lenguas que se usa, 2432con que todos nos entendemos. 2433-Dices muy bien, señora -respondió Ricardo-, y agradézcote infinito el desengaño que me has dado, 2434que le estimo en tanto como la merced que me haces en dejar verte; y, como tú dices, 2435quizá la experiencia te dará a entender cuán llana es mi condición y cuán humilde, especialmente para adorarte; 2436y sin que tú pusieras término ni raya a mi trato, fuera él tan honesto para contigo que no acertaras a desearle mejor. 2437En lo que toca a entretener al cadí, vive descuidada; haz tú lo mismo con Halima, y entiende, señora, 2438que después que te he visto ha nacido en mí una esperanza tal, 2439que me asegura que presto hemos de alcanzar la libertad deseada. Y, con esto, quédate con Dios, 2440que otra vez te contaré los rodeos por donde la fortuna me trujo a este estado, 2441después que de ti me aparté, o, por mejor decir, me apartaron. 2442Con esto, se despidieron, y quedó Leonisa contenta y satisfecha del llano proceder de Ricardo, 2443y él contentísimo de haber oído una palabra de la boca de Leonisa sin aspereza. 2444Estaba Halima cerrada en su aposento, rogando a Mahoma trujese Leonisa buen despacho de lo que le había encomendado. 2445El cadí estaba en la mezquita recompensando con los suyos los deseos de su mujer, 2446teniéndolos solícitos y colgados de la respuesta que esperaba oír de su esclavo, 2447a quien había dejado encargado hablase a Leonisa, pues para poderlo hacer le daría comodidad Mahamut, 2448aunque Halima estuviese en casa. Leonisa acrecentó en Halima el torpe deseo y el amor, 2449dándole muy buenas esperanzas que Mario haría todo lo que pidiese; pero que había de dejar pasar primero dos lunes, 2450antes que concediese con lo que deseaba él mucho más que ella; y este tiempo y término pedía, 2451a causa que hacía una plegaria y oración a Dios para que le diese libertad. 2452Contentóse Halima de la disculpa y de la relación de su querido Ricardo, 2453a quien ella diera libertad antes del término devoto, como él concediera con su deseo; y así, 2454rogó a Leonisa le rogase dispensase con el tiempo y acortase la dilación, 2455que ella le ofrecía cuanto el cadí pidiese por su rescate. 2456Antes que Ricardo respondiese a su amo, se aconsejó con Mahamut de qué le respondería; 2457y acordaron entre los dos que le desesperasen y le aconsejasen 2458que lo más presto que pudiese la llevase a Constantinopla, y que en el camino, o por grado o por fuerza, 2459alcanzaría su deseo; y que, para el inconveniente que se podía ofrecer de cumplir con el Gran Señor, 2460sería bueno comprar otra esclava, y en el viaje fingir o hacer de modo como Leonisa cayese enferma, 2461y que una noche echarían la cristiana comprada a la mar, diciendo que era Leonisa, la cautiva del Gran Señor, 2462que se había muerto; y que esto se podía hacer y se haría en modo que jamás la verdad fuese descubierta, 2463y él quedase sin culpa con el Gran Señor y con el cumplimiento de su voluntad; y que, para la duración de su gusto, 2464después se daría traza conveniente y más provechosa. Estaba tan ciego el mísero y anciano cadí que, 2465si otros mil disparates le dijeran, como fueran encaminados a cumplir sus esperanzas, todos los creyera; cuanto más, 2466que le pareció que todo lo que le decían llevaba buen camino y prometía próspero suceso; y así era la verdad, 2467si la intención de los dos consejeros no fuera levantarse con el 2468bajel y darle a él la muerte en pago de sus locos pensamientos. Ofreciósele al cadí otra dificultad, 2469a su parecer mayor de las que en aquel caso se le podía ofrecer; 2470y era pensar que su mujer Halima no le había de dejar ir a Constantinopla si no la llevaba consigo; 2471pero presto la facilitó, diciendo que en cambio de la cristiana que habían de comprar para que muriese por Leonisa, 2472serviría Halima, de quien deseaba librarse más que de la muerte.
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