Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
2330alegre y triste, temeroso y esforzado, se iba llegando al centro donde estaba el de su alegría, 2331cuando a deshora volvió el rostro Leonisa, y puso los ojos en los de Mario, que atentamente la miraba. Mas, 2332cuando la vista de los dos se encontraron, con diferentes efetos dieron señal de lo que sus almas habían sentido. 2333Ricardo se paró y no pudo echar pie adelante; Leonisa, que por la relación de Mahamut tenía a Ricardo por muerto, 2334y el verle vivo tan no esperadamente, llena de temor y espanto, sin quitar dél los ojos ni volver las espaldas, 2335volvió atrás cuatro o cinco escalones, y, sacando una pequeña cruz del seno, la besaba muchas veces, 2336y se santiguó infinitas, como si alguna fantasma o otra cosa del otro mundo estuviera mirando. 2337Volvió Ricardo de su embelesamiento, y conoció, por lo que Leonisa hacía, la verdadera causa de su temor, y así le dijo: 2338-A mí me pesa, ¡oh hermosa Leonisa!, que no hayan sido verdad las nuevas que de mi muerte te dio Mahamut, 2339porque con ella escusara los temores que ahora tengo de pensar si todavía 2340está en su ser y entereza el rigor que contino has usado conmigo. Sosiégate, señora, y baja, 2341y si te atreves a hacer lo que nunca hiciste, que es llegarte a mí, llega y verás que no soy cuerpo fantástico: 2342Ricardo soy, Leonisa; Ricardo, el de tanta ventura cuanta tú quisieres que tenga. 2343Púsose Leonisa en esto el dedo en la boca, 2344por lo cual entendió Ricardo que era señal de que callase o hablase más quedo; y, tomando algún poco de ánimo, 2345se fue llegando a ella en distancia que pudo oír estas razones: 2346-Habla paso, Mario, que así me parece que te llamas ahora, y no trates de otra cosa de la que yo te tratare; 2347y advierte que podría ser que el habernos oído fuese parte para que nunca nos volviésemos a ver. Halima, nuestra ama, 2348creo que nos escucha, la cual me ha dicho que te adora; hame puesto por intercesora de su deseo. 2349Si a él quisieres corresponder, aprovecharte ha más para el cuerpo que para el alma; y, cuando no quieras, 2350es forzoso que lo finjas, siquiera porque yo te lo ruego y por lo que merecen deseos de mujer declarados. 2351A esto respondió Ricardo:
-Jamás pensé ni pude imaginar, hermosa Leonisa, 2352que cosa que me pidieras trujera consigo imposible de cumplirla, pero la que me pides me ha desengañado. 2353¿Es por ventura la voluntad tan ligera que se pueda mover y llevar donde quisieren llevarla, 2354o estarle ha bien al varón honrado y verdadero fingir en cosas de tanto peso? 2355Si a ti te parece que alguna destas cosas se debe o puede hacer, haz lo que más gustares, 2356pues eres señora de mi voluntad; mas ya sé que también me engañas en esto, pues jamás la has conocido, 2357y así no sabes lo que has de hacer della. Pero, 2358a trueco que no digas que en la primera cosa que me mandaste dejaste de ser obedecida, 2359yo perderé del derecho que debo a ser quien soy, y satisfaré tu deseo y el de Halima fingidamente, como dices, 2360si es que se ha de granjear con esto el bien de verte; y así, finge tú las respuestas a tu gusto, 2361que desde aquí las firma y confirma mi fingida voluntad. Y, 2362en pago desto que por ti hago (que es lo más que a mi parecer podré hacer, 2363aunque de nuevo te dé el alma que tantas veces te he dado), 2364te ruego que brevemente me digas cómo escapaste de las manos 2365de los cosarios y cómo veniste a las del judío que te vendió. 2366-Más espacio -respondió Leonisa- pide el cuento de mis desgracias, pero, con todo eso, te quiero satisfacer en algo. 2367«Sabrás, pues, que, a cabo de un día que nos apartamos, 2368volvió el bajel de Yzuf con un recio viento a la misma isla de la Pantanalea, donde también vimos a vuestra galeota; 2369pero la nuestra, sin poderlo remediar, embistió en las peñas. Viendo, pues, mi amo tan a los ojos su perdición, 2370vació con gran presteza dos barriles que estaban llenos de agua, tapólos muy bien, 2371y atólos con cuerdas el uno con el otro; púsome a mí entre ellos, desnudóse luego, y, 2372tomando otro barril entre los brazos, se ató con un cordel el cuerpo, y con el mismo cordel dio cabo a mis barriles, 2373y con grande ánimo se arrojó a la mar, llevándome tras sí. Yo no tuve ánimo para arrojarme,
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