Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
2110porque no quede sin algún premio, siquiera por haberme hallado presente; y así, me ofrezco de enviarla a mi costa, 2111con la autoridad y decencia que se debe a quien se envía, 2112escribiendo al Gran Señor todo lo que aquí ha pasado y la voluntad que los dos habéis mostrado a su servicio. 2113No supieron, ni pudieron, ni quisieron contradecirle los dos enamorados turcos; y, 2114aunque vieron que por aquel camino no conseguían su deseo, hubieron de pasar por el parecer del cadí, 2115formando y criando cada uno allá en su ánimo una esperanza que, aunque dudosa, 2116les prometía poder llegar al fin de sus encendidos deseos. Hazán, que se quedaba por virrey en Chipre, 2117pensaba dar tantas dádivas al cadí que, vencido y obligado, le diese la cautiva; 2118Alí imaginó de hacer un hecho que le aseguró salir con lo que deseaba. Y, teniendo por cierto cada cual su designio, 2119vinieron con facilidad en lo que el cadí quiso, y, de consentimiento y voluntad de los dos, se la entregaron luego, 2120y luego pagaron al judío cada uno dos mil doblas. Dijo el judío que no la había de dar con los vestidos que tenía, 2121porque valían otras dos mil doblas; y así era la verdad, a causa que en los cabellos, 2122que parte por las espaldas sueltos traía y parte atados y enlazados por la frente, 2123se parecían algunas hileras de perlas que con estremada gracia se enredaban con ellos. 2124Las manillas de los pies y manos asimismo venían llenas de gruesas perlas. El vestido era una almalafa de raso verde, 2125toda bordada y llena de trencillas de oro. En fin, 2126les pareció a todos que el judío anduvo corto en el precio que pidió por el vestido, y el cadí, 2127por no mostrarse menos liberal que los dos bajaes, dijo que él quería pagarle, 2128porque de aquella manera se presentase al Gran Señor la cristiana. Tuviéronlo por bien los dos competidores, 2129creyendo cada uno que todo había de venir a su poder. 2130Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo de ver andar en almoneda su alma, 2131y los pensamientos que en aquel punto le vinieron, y los temores que le sobresaltaron, 2132viendo que el haber hallado a su querida prenda era para más perderla; 2133no sabía darse a entender si estaba dormiendo o despierto, no dando crédito a sus mismos ojos de lo que veían, 2134porque le parecía cosa imposible ver tan impensadamente delante 2135dellos a la que pensaba que para siempre los había cerrado. Llegóse en esto a su amigo Mahamut y díjole:
2136-¿No la conoces, amigo?
-No la conozco -dijo Mahamut.
-Pues has de saber -replicó Ricardo- que es Leonisa.
2137-¿Qué es lo que dices, Ricardo? -dijo Mahamut.
-Lo que has oído -dijo Ricardo.
2138-Pues calla y no la descubras -dijo Mahamut-, que la ventura va ordenando que la tengas buena y próspera, 2139porque ella va a poder de mi amo.
-¿Parécete -dijo Ricardo- que será bien ponerme en parte donde pueda ser visto?
2140-No -dijo Mahamut- porque no la sobresaltes o te sobresaltes, 2141y no vengas a dar indicio de que la conoces ni que la has visto; 2142que podría ser que redundase en perjuicio de mi designio.
-Seguiré tu parecer -respondió Ricardo. 2143Y ansí, anduvo huyendo de que sus ojos se encontrasen con los de Leonisa, la cual tenía los suyos, 2144en tanto que esto pasaba, clavados en el suelo, derramando algunas lágrimas. Llegóse el cadí a ella, y, 2145asiéndola de la mano, se la entregó a Mahamut, 2146mandándole que la llevase a la ciudad y se la entregase a su señora Halima, 2147y le dijese la tratase como a esclava del Gran Señor. Hízolo así Mahamut y dejó sólo a Ricardo, 2148que con los ojos fue siguiendo a su estrella hasta que se le encubrió con la nube de los muros de Nicosia. 2149Llegóse al judío y preguntóle que adónde había comprado, 2150o en qué modo había venido a su poder aquella cautiva cristiana. 2151El judío le respondió que en la isla de la Pantanalea la había comprado a unos turcos que allí habían dado al través; 2152y, queriendo proseguir adelante, lo estorbó el venirle a llamar de parte de los bajaes, 2153que querían preguntarle lo que Ricardo deseaba saber; y con esto se despidió dél.
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