Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
1909por mejor decir, toda ella, cubrióseme el corazón de nuevo, y de nuevo maldije mi ventura y llamé a la muerte a voces; 1910y eran tales los sentimientos que hacía, que mi amo, enfadado de oírme, con un grueso palo me amenazó que, 1911si no callaba, me maltrataría. Reprimí las lágrimas, recogí los suspiros, 1912creyendo que con la fuerza que les hacía reventarían por parte que abriesen puerta al alma, 1913que tanto deseaba desamparar este miserable cuerpo; mas la suerte, 1914aún no contenta de haberme puesto en tan encogido estrecho, ordenó de acabar con todo, 1915quitándome las esperanzas de todo mi remedio; y fue que en un instante se declaró la borrasca que ya se temía, 1916y el viento que de la parte de mediodía soplaba y nos embestía por la proa, comenzó a reforzar con tanto brío, 1917que fue forzoso volverle la popa y dejar correr el bajel por donde el viento quería llevarle. 1918»Llevaba designio el arraéz de despuntar la isla y tomar abrigo en ella por la banda del norte, 1919mas sucedióle al revés su pensamiento, porque el viento cargó con tanta furia que, 1920todo lo que habíamos navegado en dos días, 1921en poco más de catorce horas nos vimos a seis millas o siete de la propia isla de donde habíamos partido, 1922y sin remedio alguno íbamos a embestir en ella, y no en alguna playa, 1923sino en unas muy levantadas peñas que a la vista se nos ofrecían, amenazando de inevitable muerte a nuestras vidas. 1924Vimos a nuestro lado la galeota de nuestra conserva, donde estaba Leonisa, 1925y a todos sus turcos y cautivos remeros haciendo fuerza con los remos para entretenerse y no dar en las peñas. 1926Lo mismo hicieron los de la nuestra, con más ventaja y esfuerzo, a lo que pareció, que los de la otra, los cuales, 1927cansados del trabajo y vencidos del tesón del viento y de la tormenta, soltando los remos, 1928se abandonaron y se dejaron ir a vista de nuestros ojos a embestir en las peñas, 1929donde dio la galeota tan grande golpe que toda se hizo pedazos. Comenzaba a cerrar la noche, 1930y fue tamaña la grita de los que se perdían y el sobresalto de los que en nuestro bajel temían perderse, 1931que ninguna cosa de las que nuestro arráez mandaba se entendía ni se hacía; 1932sólo se atendía a no dejar los remos de las manos, 1933tomando por remedio volver la proa al viento y echar las dos áncoras a la mar, 1934para entretener con esto algún tiempo la muerte, que por cierta tenían. Y, 1935aunque el miedo de morir era general en todos, en mí era muy al contrario, 1936porque con la esperanza engañosa de ver en el otro mundo a la que había tan poco que déste se había partido, 1937cada punto que la galeota tardaba en anegarse o en embestir en las peñas, era para mí un siglo de más penosa muerte. 1938Las levantadas olas, que por encima del bajel y de mi cabeza pasaban, 1939me hacían estar atento a ver si en ellas venía el cuerpo de la desdichada Leonisa. 1940»No quiero deternerme ahora, ¡oh Mahamut!, en contarte por menudo los sobresaltos, los temores, las ansias, 1941los pensamientos que en aquella luenga y amarga noche tuve y pasé, 1942por no ir contra lo que primero propuse de contarte brevemente mi desventura. 1943Basta decirte que fueron tantos y tales que, si la muerte viniera en aquel tiempo, 1944tuviera bien poco que hacer en quitarme la vida. 1945»Vino el día con muestras de mayor tormenta que la pasada, y hallamos que el bajel había virado un gran trecho, 1946habiéndose desviado de las peñas un buen trecho, y llegádose a una punta de la isla; y, 1947viéndose tan a pique de doblarla, turcos y cristianos, con nueva esperanza y fuerzas nuevas, 1948al cabo de seis horas doblamos la punta, y hallamos más blando el mar y más sosegado, 1949de modo que más fácilmente nos aprovechamos de los remos, y, abrigados con la isla, 1950tuvieron lugar los turcos de saltar en tierra para ir a ver si había quedado 1951alguna reliquia de la galeota que la noche antes dio en las peñas; 1952mas aún no quiso el cielo concederme el alivio que esperaba tener de ver en mis brazos el cuerpo de Leonisa; que, 1953aunque muerto y despedazado, holgara de verle, por romper aquel imposible que mi estrella me puso de juntarme con él, 1954como mis buenos deseos merecían; y así, 1955rogué a un renegado que quería desembarcarse que le buscase y viese si la mar lo había arrojado a la orilla. Pero, 1956como ya he dicho, todo esto me negó el cielo, pues al mismo instante tornó a embravecerse el viento,
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