Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
1806bien seguro estuviera Ulises de no salir con su empresa, 1807aunque más le mostrara resplandecientes armas y acerados alfanjes. Vete, vete, 1808y recréate entre las doncellas de tu madre, y allí ten cuidado de tus cabellos y de tus manos, 1809más despiertas a devanar blando sirgo que a empuñar la dura espada". 1810»A todas estas razones jamás se levantó Cornelio del lugar donde le hallé sentado, antes se estuvo quedo, 1811mirándome como embelesado, sin moverse; y a las levantadas voces con que le dije lo que has oído, 1812se fue llegando la gente que por la huerta andaba, y se pusieron a escuchar otros más impropios que a Cornelio dije; 1813el cual, tomando ánimo con la gente que acudió, porque todos o los más eran sus parientes, criados o allegados, 1814dio muestras de levantarse; mas, antes que se pusiese en pie, puse mano a mi espada y acometíle, no sólo a él, 1815sino a todos cuantos allí estaban. Pero, apenas vio Leonisa relucir mi espada, cuando le tomó un recio desmayo, 1816cosa que me puso en mayor coraje y mayor despecho. 1817Y no te sabré decir si los muchos que me acometieron atendían no más de a defenderse, 1818como quien se defiende de un loco furioso, o si fue mi buena suerte y diligencia, o el cielo, 1819que para mayores males quería guardarme; porque, en efeto, herí siete o ocho de los que hallé más a mano. 1820A Cornelio le valió su buena diligencia, pues fue tanta la que puso en los pies huyendo, que se escapó de mis manos. 1821»Estando en este tan manifiesto peligro, cercado de mis enemigos, que ya como ofendidos procuraban vengarse, 1822me socorrió la ventura con un remedio que fuera mejor haber dejado allí la vida, que no, 1823restaurándola por tan no pensado camino, venir a perderla cada hora mil y mil veces. 1824Y fue que de improviso dieron en el jardín mucha cantidad de turcos de dos galeotas de cosarios de Biserta, 1825que en una cala, que allí cerca estaba, habían desembarcado, 1826sin ser sentidos de las centinelas de las torres de la marina, 1827ni descubiertos de los corredores o atajadores de la costa. Cuando mis contrarios los vieron, dejándome solo, 1828con presta celeridad se pusieron en cobro: de cuantos en el jardín estaban, 1829no pudieron los turcos cautivar más de a tres personas y a Leonisa, que aún se estaba desmayada. 1830A mí me cogieron con cuatro disformes heridas, vengadas antes por mi mano con cuatro turcos, 1831que de otras cuatro dejé sin vida tendidos en el suelo. Este asalto hicieron los turcos con su acostumbrada diligencia, 1832y, no muy contentos del suceso, se fueron a embarcar, y luego se hicieron a la mar, 1833y a vela y remo en breve espacio se pusieron en la Fabiana. Hicieron reseña por ver qué gente les faltaba; y, 1834viendo que los muertos eran cuatro soldados de aquellos que ellos llaman leventes, 1835y de los mejores y más estimados que traían, quisieron tomar en mí la venganza; y así, 1836mandó el arráez de la capitana bajar la entena para ahorcarme. 1837»Todo esto estaba mirando Leonisa, que ya había vuelto en sí; y, viéndose en poder de los cosarios, 1838derramaba abundancia de hermosas lágrimas, y, torciendo sus manos delicadas, sin hablar palabra, 1839estaba atenta a ver si entendía lo que los turcos decían. 1840Mas uno de los cristianos del remo le dijo en italiano como el arraéz mandaba ahorcar a aquel cristiano, 1841señalándome a mí, porque había muerto en su defensa cuatro de los mejores soldados de las galeotas. 1842Lo cual oído y entendido por Leonisa (la vez primera que se mostró para mí piadosa), 1843dijo al cautivo que dijese a los turcos que no me ahorcasen, porque perderían un gran rescate, 1844y que les rogaba volviesen a Trápana, que luego me rescatarían. Ésta, digo, 1845fue la primera y aun será la última caridad que usó conmigo Leonisa, y todo para mayor mal mío. Oyendo, pues, 1846los turcos lo que el cautivo les decía, le creyeron, y mudóles el interés la cólera. Otro día por la mañana, 1847alzando bandera de paz, volvieron a Trápana; aquella noche la pasé con el dolor que imaginarse puede, 1848no tanto por el que mis heridas me causaban, 1849cuanto por imaginar el peligro en que la cruel enemiga mía entre aquellos bárbaros estaba. 1850»Llegados, pues, como digo, a la ciudad, entró en el puerto la una galeota y la otra se quedó fuera; 1851coronóse luego todo el puerto y la ribera toda de cristianos, 1852y el lindo de Cornelio desde lejos estaba mirando lo que en la galeota pasaba. 1853Acudió luego un mayordomo mío a tratar de mi rescate, al cual dije que en ninguna manera tratase de mi libertad, 1854sino de la de Leonisa, y que diese por ella todo cuanto valía mi hacienda; y más, 1855le ordené que volviese a tierra y dijese a sus padres de Leonisa que le dejasen a él tratar de la libertad de su hija, 1856y que no se pusiesen en trabajo por ella. Hecho esto, el arráez principal, que era un renegado griego llamado Yzuf, 1857pidió por Leonisa seis mil escudos, y por mí cuatro mil, añadiendo que no daría el uno sin el otro.
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