(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2016-09-04 ω


1651EL AMANTE LIBERAL

1652Oh lamentables ruinas de la desdichada Nicosia, 1653apenas enjutas de la sangre de vuestros valerosos y mal afortunados defensores! Si como carecéis de sentido, 1654le tuviérades ahora, en esta soledad donde estamos, pudiéramos lamentar juntas nuestras desgracias, 1655y quizá el haber hallado compañía en ellas aliviara nuestro tormento. Esta esperanza os puede haber quedado,

1656mal derribados torreones, que otra vez, aunque no para tan justa defensa como la en que os derribaron, 1657os podéis ver levantados. Mas yo, desdichado, ¿qué bien podré esperar en la miserable estrecheza en que me hallo, 1658aunque vuelva al estado en que estaba antes deste en que me veo? Tal es mi desdicha, 1659que en la libertad fui sin ventura, y en el cautiverio ni la tengo ni la espero.

1660Estas razones decía un cautivo cristiano, mirando desde un recuesto las murallas derribadas de la ya perdida Nicosia; 1661y así hablaba con ellas, y hacía comparación de sus miserias a las suyas, como si ellas fueran capaces de entenderle: 1662propia condición de afligidos, que, llevados de sus imaginaciones, 1663hacen y dicen cosas ajenas de toda razón y buen discurso.

1664En esto, salió de un pabellón o tienda, de cuatro que estaban en aquella campaña puestas, un turco, 1665mancebo de muy buena disposición y gallardía, y, llegándose al cristiano, le dijo:
-Apostaría yo, Ricardo amigo,
1666que te traen por estos lugares tus continuos pensamientos.
1667- traen -respondió Ricardo (que éste era el nombre del cautivo)-; mas, ¿qué aprovecha,

1668si en ninguna parte a do voy hallo tregua ni descanso en ellos, 1669antes me los han acrecentado estas ruinas que desde aquí se descubren?
-Por las de Nicosia dirás -dijo el turco.
1670-Pues ¿por cuáles quieres que diga -repitió Ricardo-, si no hay otras que a los ojos por aquí se ofrezcan?
1671-Bien tendrás que llorar -replicó el turco-, si en esas contemplaciones entras,

1672porque los que vieron habrá dos años a esta nombrada y rica isla de Chipre en su tranquilidad y sosiego, 1673gozando sus moradores en ella de todo aquello que la felicidad humana puede conceder a los hombres, 1674y ahora los vee o contempla, o desterrados della o en ella cautivos y miserables, 1675¿cómo podrá dejar de no dolerse de su calamidad y desventura? Pero dejemos estas cosas, pues no llevan remedio,

1676y vengamos a las tuyas, que quiero ver si le tienen; y así, te ruego, 1677por lo que debes a la buena voluntad que te he mostrado, 1678y por lo que te obliga el ser entrambos de una misma patria y habernos criado en nuestra niñez juntos, 1679que me digas qué es la causa que te trae tan demasiadamente triste; que,

1680puesto caso que sola la del cautiverio es bastante para entristecer el corazón más alegre del mundo, 1681todavía imagino que de más atrás traen la corriente tus desgracias. Porque los generosos ánimos, como el tuyo, 1682no suelen rendirse a las comunes desdichas tanto que den muestras de extraordinarios sentimientos; 1683y háceme creer esto el saber yo que no eres tan pobre que te falte para dar cuanto pidieren por tu rescate,

1684ni estás en las torres del mar Negro, como cautivo de consideración, que tarde o nunca alcanza la deseada libertad. 1685Así que, no habiéndote quitado la mala suerte las esperanzas de verte libre, y, con todo esto, 1686verte rendido a dar miserables muestras de tu desventura, 1687no es mucho que imagine que tu pena procede de otra causa que de la libertad que perdiste;

1688la cual causa te suplico me digas, ofreciéndote cuanto puedo y valgo; 1689quizá para que yo te sirva ha traído la fortuna este rodeo de haberme hecho vestir deste hábito que aborrezco. 1690Ya sabes, Ricardo, que es mi amo el cadí desta ciudad (que es lo mismo que ser su obispo). 1691Sabes también lo mucho que vale y lo mucho que con él puedo. Juntamente con esto,

1692no ignoras el deseo encendido que tengo de no morir en este estado que parece que profeso, pues, cuando más no pueda, 1693tengo de confesar y publicar a voces la fe de Jesucristo, de quien me apartó mi poca edad y menos entendimiento, 1694puesto que que tal confesión me ha de costar la vida; que, a trueco de no perder la del alma, 1695daré por bien empleado perder la del cuerpo.

1696De todo lo dicho quiero que infieras y que consideres que te puede ser de algún provecho mi amistad, y que, 1697para saber qué remedios o alivios puede tener tu desdicha, es menester que me la cuentes, 1698como ha menester el médico la relación del enfermo, asegurándote que la depositaré en lo más escondido del silencio.

1699A todas estas razones estuvo callando Ricardo; y, viéndose obligado dellas y de la necesidad, le respondió con éstas:
1700-Si así como has acertado, ¡oh amigo Mahamut! -que así se llamaba el turco-, en lo que de mi desdicha imaginas, 1701acertaras en su remedio, tuviera por bien perdida mi libertad, 1702y no trocara mi desgracia con la mayor ventura que imaginarse pudiera; mas yo que ella es tal,

1703que todo el mundo podrá saber bien la causa de donde procede, mas no habrá en él persona que se atreva, 1704no sólo a hallarle remedio, pero ni aun alivio. Y, para que quedes satisfecho desta verdad, 1705te la contaré en las menos razones que pudiere. Pero, antes que entre en el confuso laberinto de mis males,