(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2016-08-31 ω


1483Oyendo esto la turbada señora, soltó los chapines, 1484y desalada y corriendo salió a la sala adonde había dejado a Preciosa, y hallóla rodeada de sus doncellas y criadas, 1485todavía llorando. Arremetió a ella, y, sin decirle nada, 1486con gran priesa le desabrochó el pecho y miró si tenía debajo de la teta izquierda una señal pequeña,

1487a modo de lunar blanco, con que había nacido, y hallóle ya grande, que con el tiempo se había dilatado. Luego, 1488con la misma celeridad, la descalzó, y descubrió un pie de nieve y de marfil, hecho a torno, 1489y vio en él lo que buscaba,

1490que era que los dos dedos últimos del pie derecho se trababan el uno con el otro por medio con un poquito de carne, 1491la cual, cuando niña, nunca se la habían querido cortar por no darle pesadumbre. El pecho, los dedos, los brincos, 1492el día señalado del hurto,

1493la confesión de la gitana y el sobresalto y alegría que habían recebido sus padres cuando la vieron, 1494con toda verdad confirmaron en el alma de la corregidora ser Preciosa su hija. Y así, cogiéndola en sus brazos, 1495se volvió con ella adonde el corregidor y la gitana estaban.

1496Iba Preciosa confusa, que no sabía a qué efeto se habían hecho con ella aquellas diligencias; y más, 1497viéndose llevar en brazos de la corregidora, y que le daba de un beso hasta ciento. Llegó, en fin, 1498con la preciosa carga doña Guiomar a la presencia de su marido, y, trasladándola de sus brazos a los del corregidor, 1499le dijo:

1500-Recebid, señor, a vuestra hija Costanza, que ésta es sin duda; no lo dudéis, señor, en ningún modo, 1501que la señal de los dedos juntos y la del pecho he visto; y más, 1502que a me lo está diciendo el alma desde el instante que mis ojos la vieron.


1503-No lo dudo -respondió el corregidor, teniendo en sus brazos a Preciosa-, 1504que los mismos efetos han pasado por la mía que por la vuestra; y más, que tantas puntualidades juntas, 1505¿cómo podían suceder, si no fuera por milagro?

1506Toda la gente de casa andaba absorta, preguntando unos a otros qué sería aquello, y todos daban bien lejos del blanco; 1507que, ¿quién había de imaginar que la gitanilla era hija de sus señores? El corregidor dijo a su mujer y a su hija, 1508y a la gitana vieja, que aquel caso estuviese secreto hasta que él le descubriese;

1509y asimismo dijo a la vieja que él la perdonaba el agravio que le había hecho en hurtarle el alma, 1510pues la recompensa de habérsela vuelto mayores albricias recebía; y que sólo le pesaba de que, 1511sabiendo ella la calidad de Preciosa, la hubiese desposado con un gitano, y más con un ladrón y homicida.


1512Ay! -dijo a esto Preciosa-, señor mío, que ni es gitano ni ladrón, puesto que es matador; 1513pero fuelo del que le quitó la honra, y no pudo hacer menos de mostrar quién era y matarle.
1514-¿Cómo que no es gitano, hija mía? -dijo doña Guiomar.

1515Entonces la gitana vieja contó brevemente la historia de Andrés Caballero, y que era hijo de don Francisco de Cárcamo, 1516caballero del hábito de Santiago, y que se llamaba don Juan de Cárcamo; asimismo del mismo hábito, 1517cuyos vestidos ella tenía, cuando los mudó en los de gitano.

1518Contó también el concierto que entre Preciosa y don Juan estaba hecho, 1519de aguardar dos años de aprobación para desposarse o no. 1520Puso en su punto la honestidad de entrambos y la agradable condición de don Juan.

1521Tanto se admiraron desto como del hallazgo de su hija, 1522y mandó el corregidor a la gitana que fuese por los vestidos de don Juan. Ella lo hizo ansí, 1523y volvió con otro gitano, que los trujo.

1524En tanto que ella iba y volvía, hicieron sus padres a Preciosa cien mil preguntas, 1525a quien respondió con tanta discreción y gracia que, aunque no la hubieran reconocido por hija, los enamorara.

1526Preguntáronla si tenía alguna afición a don Juan. Respondió que no más de aquella que le obligaba a ser agradecida 1527a quien se había querido humillar a ser gitano por ella; 1528pero que ya no se estendería a más el agradecimiento de aquello que sus señores padres quisiesen.