(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2016-08-24 ω


1138y vais fuera de camino por entre bosques y encinares que no tienen sendas apenas, cuanto más caminos. Amigo, 1139levantaos y aprended a mentir, y andad en hora buena. Pero, por este buen aviso que os doy, ¿no me diréis una verdad? 1140(que diréis, pues tan mal sabéis mentir) Decidme: ¿sois por ventura uno que yo he visto muchas veces en la Corte, 1141entre paje y caballero, que tenía fama de ser gran poeta;

1142uno que hizo un romance y un soneto a una gitanilla que los días pasados andaba en Madrid, 1143que era tenida por singular en la belleza? Decídmelo, 1144que yo os prometo por la fe de caballero gitano de guardaros el secreto que vos viéredes que os conviene. 1145Mirad que negarme la verdad, de que no sois el que yo digo, no llevaría camino,

1146porque este rostro que yo veo aquí es el que vi en Madrid. 1147Sin duda alguna que la gran fama de vuestro entendimiento me hizo 1148muchas veces que os mirase como a hombre raro e insigne, y así se me quedó en la memoria vuestra figura, 1149que os he venido a conocer por ella, aun puesto en el diferente traje en que estáis agora del en que yo os vi entonces.

1150No os turbéis; animaos, y no penséis que habéis llegado a un pueblo de ladrones, 1151sino a un asilo que os sabrá guardar y defender de todo el mundo. Mirad, yo imagino una cosa, 1152y si es ansí como la imagino, vos habéis topado con vuestra buena suerte en haber encontrado conmigo. 1153Lo que imagino es que, enamorado de Preciosa, aquella hermosa gitanica a quien hicisteis los versos,

1154habéis venido a buscarla, por lo que yo no os tendré en menos, sino en mucho más; que, aunque gitano, 1155la esperiencia me ha mostrado adónde se estiende la poderosa fuerza de amor, 1156y las transformaciones que hace hacer a los que coge debajo de su jurisdición y mando. Si esto es así, 1157como creo que sin duda lo es, aquí está la gitanica.


1158-, aquí está, que yo la vi anoche -dijo el mordido; razón con que Andrés quedó como difunto, 1159pareciéndole que había salido al cabo con la confirmación de sus sospechas-. Anoche la vi -tornó a referir el mozo-, 1160pero no me atreví a decirle quién era, porque no me convenía.
1161-Desa manera -dijo Andrés-, vos sois el poeta que yo he dicho.


1162- soy -replicó el mancebo-; que no lo puedo ni lo quiero negar. 1163Quizá podía ser que donde he pensado perderme hubiese venido a ganarme, 1164si es que hay fidelidad en las selvas y buen acogimiento en los montes.
1165-Hayle, sin duda -respondió Andrés-, y entre nosotros, los gitanos, el mayor secreto del mundo.

1166Con esta confianza podéis, señor, descubrirme vuestro pecho, que hallaréis en el mío lo que veréis, sin doblez alguno. 1167La gitanilla es parienta mía, y está sujeta a lo [que] quisiere hacer della; si la quisiéredes por esposa, 1168yo y todos sus parientes gustaremos dello; y si por amiga, no usaremos de ningún melindre, con tal que tengáis dineros,

1169porque la codicia por jamás sale de nuestros ranchos.
-Dineros traigo -respondió el mozo-:
1170en estas mangas de camisa que traigo ceñida por el cuerpo vienen cuatrocientos escudos de oro.

1171Éste fue otro susto mortal que recibió Andrés, 1172viendo que el traer tanto dinero no era sino para conquistar o comprar su prenda; y, con lengua ya turbada, dijo:
1173-Buena cantidad es ésa; no hay sino descubriros, y manos a labor, que la muchacha, que no es nada boba, 1174verá cuán bien le está ser vuestra.


1175Ay amigo! -dijo a esta sazón el mozo-, 1176quiero que sepáis que la fuerza que me ha hecho mudar de traje no es la de amor, que vos decís, 1177ni de desear a Preciosa, que hermosas tiene Madrid que pueden y saben robar los corazones y

1178rendir las almas tan bien y mejor que las más hermosas gitanas, 1179puesto que confieso que la hermosura de vuestra parienta a todas las que yo he visto se aventaja. 1180Quien me tiene en este traje, a pie y mordido de perros, no es amor, sino desgracia mía.

1181Con estas razones que el mozo iba diciendo, iba Andrés cobrando lo[s] espíritus perdidos, 1182pareciéndole que se encaminaban a otro paradero del que él se imaginaba; y deseoso de salir de aquella confusión, 1183volvió a reforzarle la seguridad con que podía descubrirse; y así, él prosiguió diciendo:
1184Yo estaba en Madrid en casa de un título, a quien servía no como a señor, sino como a pariente. Éste tenía un hijo,

1185único heredero suyo, el cual, así por el parentesco como por ser ambos de una edad y de una condición misma, 1186me trataba con familiaridad y amistad grande. Sucedió que este caballero se enamoró de una doncella principal, 1187a quien él escogiera de bonísima gana para su esposa, si no tuviera la voluntad sujeta, como buen hijo, 1188a la de sus padres, que aspiraban a casarle más altamente; pero, con todo eso,

1189la servía a hurto de todos los ojos que pudieran, con las lenguas, sacar a la plaza sus deseos; 1190solos los míos eran testigos de sus intentos. Y una noche, 1191que debía de haber escogido la desgracia para el caso que ahora os diré, 1192pasando los dos por la puerta y calle desta señora, vimos arrimados a ella dos hombres, al parecer, de buen talle.