Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
380y no de tantos juntos; porque antes el ser muchos quita el miedo y el recelo de ser ofendidas. Advierte, Cristinica, 381y está cierta de una cosa: que la mujer que se determina a ser honrada, entre un ejército de soldados lo puede ser. 382Verdad es que es bueno huir de las ocasiones, pero han de ser de las secretas y no de las públicas.
383-Entremos, Preciosa -dijo Cristina-, que tú sabes más que un sabio. 384Animólas la gitana vieja, y entraron; y apenas hubo entrado Preciosa, 385cuando el caballero del hábito vio el papel que traía en el seno, y llegándose a ella se le tomó, y dijo Preciosa:
386-¡Y no me le tome, señor, que es un romance que me acaban de dar ahora, que aún no le he leído!
-Y ¿sabes tú leer, 387hija? -dijo uno.
-Y escribir -respondió la vieja-; que a mi nieta hela criado yo como si fuera hija de un letrado. 388Abrió el caballero el papel y vio que venía dentro dél un escudo de oro, y dijo:
-En verdad, Preciosa, 389que trae esta carta el porte dentro; toma este escudo que en el romance viene.
390-¡Basta! -dijo Preciosa-, que me ha tratado de pobre el poeta, 391pues cierto que es más milagro darme a mí un poeta un escudo que yo recebirle; 392si con esta añadidura han de venir sus romances, traslade todo el Romancero general y envíemelos uno a uno, 393que yo les tentaré el pulso, y si vinieren duros, seré yo blanda en recebillos. 394Admirados quedaron los que oían a la gitanica, así de su discreción como del donaire con que hablaba.
395-Lea, señor -dijo ella-, y lea alto; veremos si es tan discreto ese poeta como es liberal. 396Y el caballero leyó así:
-Gitanica, que de hermosa
te pueden dar parabienes:
por lo que de piedra tienes
397te llama el mundo Preciosa.
398Desta verdad me asegura
esto, como en ti verás;
que no se apartan jamás
la esquiveza y la hermosura.
399Si como en valor subido
vas creciendo en arrogancia,
no le arriendo la ganancia
a la edad en que has nacido;
400que un basilisco se cría
en ti, que mate mirando,
y un imperio que, aunque blando,
nos parezca tiranía.
401Entre pobres y aduares,
¿cómo nació tal belleza?
O ¿cómo crió tal pieza
el humilde Manzanares?
Por esto será famoso
402al par del Tajo dorado
y por Preciosa preciado
más que el Ganges caudaloso.
403Dices la buenaventura,
y dasla mala contino;
que no van por un camino
tu intención y tu hermosura.
404Porque en el peligro fuerte
de mirarte o contemplarte
tu intención va a desculparte,
y tu hermosura a dar muerte.
405Dicen que son hechiceras
todas las de tu nación,
pero tus hechizos son
de más fuerzas y más veras;
406pues por llevar los despojos
de todos cuantos te ven,
haces, ¡oh niña!, que estén
tus hechizos en tus ojos.
407En sus fuerzas te adelantas,
pues bailando nos admiras,
y nos matas si nos miras,
y nos encantas si cantas.
408De cien mil modos hechizas:
hables, calles, cantes, mires;
o te acerques, o retires,
el fuego de amor atizas.
409Sobre el más esento pecho
tienes mando y señorío,
de lo que es testigo el mío,
de tu imperio satisfecho.
410Preciosa joya de amor,
esto humildemente escribe
el que por ti muere y vive,
pobre, aunque humilde amador. 411-En "pobre" acaba el último verso -dijo a esta sazón Preciosa-: 412¡mala señal¡ Nunca los enamorados han de decir que son pobres, porque a los principios, a mi parecer, 413la pobreza es muy enemiga del amor.
-¿Quién te enseña eso, rapaza? -dijo uno.
414-¿Quién me lo ha de enseñar? -respondió Preciosa-. ¿No tengo yo mi alma en mi cuerpo? ¿No tengo ya quince años? 415Y no soy manca, ni renca, ni estropeada del entendimiento. 416Los ingenios de las gitanas van por otro norte que los de las demás gentes: siempre se adelantan a sus años; 417no hay gitano necio, ni gitana lerda; que, como el sustentar su vida consiste en ser agudos, astutos y embusteros, 418despabilan el ingenio a cada paso, y no dejan que críe moho en ninguna manera. ¿Veen estas muchachas, mis compañeras, 419que están callando y parecen bobas? Pues éntrenles el dedo en la boca y tiéntenlas las cordales, y verán lo que verán. 420No hay muchacha de doce que no sepa lo que de veinte y cinco, 421porque tienen por maestros y preceptores al diablo y al uso, 422que les enseña en una hora lo que habían de aprender en un año. 423Con esto que la gitanilla decía, tenía suspensos a los oyentes, y los que jugaban le dieron barato, 424y aun los que no jugaban. Cogió la hucha de la vieja treinta reales, y más rica y más alegre que una Pascua de Flores, 425antecogió sus corderas y fuese en casa del señor teniente, 426quedando que otro día volvería con su manada a dar contento aquellos tan liberales señores.
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