(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2016-08-06 ω


285sobre humano curso.
Por vos y por ella
sois, Ana, el refugio
do van por remedio
nuestros infortunios.
286En cierta manera,
tenéis, no lo dudo,
sobre el Nieto, imperio
pïadoso y justo.
287A ser comunera
del alcázar sumo,
fueran mil parientes
con vos de consuno.


288¡Qué hija, y qué nieto,
y qué yerno! Al punto,
a ser causa justa,
cantárades triunfos.
289Pero vos, humilde,
fuistes el estudio
donde vuestra Hija
hizo humildes cursos;
y agora a su lado,
a Dios el más junto,
290gozáis de la alteza
que apenas barrunto.


291El cantar de Preciosa fue para admirar a cuantos la escuchaban. Unos decían: "¡Dios te bendiga la muchacha!". Otros: 292Lástima es que esta mozuela sea gitana! En verdad, en verdad, que merecía ser hija de un gran señor".

293Otros había más groseros, que decían: "¡Dejen crecer a la rapaza, que ella hará de las suyas! 294¡A fe que se va añudando en ella gentil red barredera para pescar corazones!" Otro, más humano, 295más basto y más modorro, viéndola andar tan ligera en el baile, le dijo: "¡A ello, hija, a ello! ¡Andad, amores, 296y pisad el polvito atán menudito!" Y ella respondió, sin dejar el baile: "¡Y pisarélo yo atán menudó!"

297Acabáronse las vísperas y la fiesta de Santa Ana, y quedó Preciosa algo cansada, pero tan celebrada de hermosa, 298de aguda y de discreta y de bailadora, que a corrillos se hablaba della en toda la Corte. De allí a quince días, 299volvió a Madrid con otras tres muchachas, con sonajas y con un baile nuevo,

300todas apercebidas de romances y de cantarcillos alegres, pero todos honestos; 301que no consentía Preciosa que las que fuesen en su compañía cantasen cantares descompuestos, ni ella los cantó jamás, 302y muchos miraron en ello y la tuvieron en mucho.

303Nunca se apartaba della la gitana vieja, hecha su Argos, temerosa no se la despabilasen y traspusiesen; 304llamábala nieta, y ella la tenía por abuela. Pusiéronse a bailar a la sombra en la calle de Toledo, 305y de los que las venían siguiendo se hizo luego un gran corro; y, en tanto que bailaban,

306la vieja pedía limosna a los circunstantes, y llovían en ella ochavos y cuartos como piedras a tablado; 307que también la hermosura tiene fuerza de despertar la caridad dormida.

308Acabado el baile, dijo Preciosa:
-Si me dan cuatro cuartos, les cantaré un romance yo sola, lindísimo en estremo,
309que trata de cuando la Reina nuestra señora Margarita salió a misa de parida en Valladolid y fue a San Llorente; 310dígoles que es famoso, y compuesto por un poeta de los del número, como capitán del batallón.

311Apenas hubo dicho esto, cuando casi todos los que en la rueda estaban dijeron a voces:
Cántale, Preciosa,
312y ves aquí mis cuatro cuartos!

313Y así granizaron sobre ella cuartos, que la vieja no se daba manos a cogerlos. Hecho, pues, su agosto y su vendimia, 314repicó Preciosa sus sonajas y, al tono correntío y loquesco, cantó el siguiente romance:

315-Salió a misa de parida
la mayor reina de Europa,
en el valor y en el nombre
rica y admirable joya.
316Como los ojos se lleva,
se lleva las almas todas
de cuantos miran y admiran
su devoción y su pompa.
317Y, para mostrar que es parte
del cielo en la tierra toda,
a un lado lleva el sol de Austria,
al otro, la tierna Aurora.
318A sus espaldas le sigue
un Lucero que a deshora
salió, la noche del día
que el cielo y la tierra lloran.


319Y si en el cielo hay estrellas
que lucientes carros forman,
en otros carros su cielo
vivas estrellas adornan.
320Aquí el anciano Saturno
la barba pule y remoza,
y, aunque es tardo, va ligero;
que el placer cura la gota.
321El dios parlero va en lenguas
lisonjeras y amorosas,
y Cupido en cifras varias,
que rubíes y perlas bordan.
322Allí va el furioso Marte
en la persona curiosa
de más de un gallardo joven,
que de su sombra se asombra.


323Junto a la casa del Sol
va Júpiter; que no hay cosa
difícil a la privanza
fundada en prudentes obras.
324Va la Luna en las mejillas
de una y otra humana diosa;
Venus casta, en la belleza
de las que este cielo forman.
325Pequeñuelos Ganimedes
cruzan, van, vuelven y tornan
por el cinto tachonado
de esta esfera milagrosa.
326Y, para que todo admire
y todo asombre, no hay cosa
que de liberal no pase
hasta el estremo de pródiga.


327Milán con sus ricas telas
allí va en vista curiosa;
las Indias con sus diamantes,
y Arabia con sus aromas.
328Con los mal intencionados
va la envidia mordedora,
y la bondad en los pechos
de la lealtad española.
329La alegría universal,
huyendo de la congoja,
calles y plazas discurre,
descompuesta y casi loca.
330A mil mudas bendiciones
abre el silencio la boca,
y repiten los muchachos
lo que los hombres entonan.