El gaucho Martín Fierro
Poema de José Hernández, publicado en 1872

477
Para pegar el malón
el mejor flete procuran;
y como es su arma segura
vienen con la lanza sola,
y varios pares de bolas
atados a la cintura.

Canto IV - 475 y ss.
La vuelta de Martín Fierro
ExpresiónSignificadoFuente
bolasDesignación común de las boleadoras, herramienta de trabajo y también arma de pelea en los viejos tiempos. El gaucho usaba dos tipos: las "ñanduceras", livianas, compuestas por un ramal retorcido, o torzal, y dos bolas, una en cada extremo. Se destinaban a los avestruces o "ñanduces" y a otros animales de poco cuerpo; las de tres bolas, más pesadas, eran llamadas "potreadoras" y servían para bolear baguales y animales grandes; consisten en un trío de ramales que se unen en un centro equidistante de los extremos; cada punta termina en una bola de piedra u otra sustancia pesada, retobada o forrada en cuero crudo, fresco; la longitud máxima, de bola a bola, es de dos metros cuarenta centímetros, más o menos. Una de las bolas es más chica, a los efectos de servir como agarradera o manija. Los indios denominaban a las boleadoras: "laques". Pero el gaucho dejó un poco de lado todas las denominaciones para adoptar una, clásica y armoniosa: "las tres Marías", inspirada en la igualdad del número de las bolas con el de las estrellas de esa constelación típica –la de Orión–, que el amplio cielo de la llanura ponía ante sus ojos cada noche. (3)
fleteCaballo ligero e infatigable para galopar (HA) // Caballo brioso, corredor (WHH) // Caballo de carrera (EM) // Caballo liviano y bien preparado, de buen aspecto (PLB). (2)
malónInvasión o ataque de los pueblos cristianos por la indiada. El malón era la peor tragedia que les tocaba a las poblaciones del interior. Como el ataque era sorpresivo y se realizaba en la madrugada, la resistencia por parte de los blancos, aunque heroica, resultaba casi siempre inútil; los hombres, despertados por el tropel y los alaridos de los salvajes, morían peleando; sólo las mujeres jóvenes y algunas criaturas salvaban la vida, pero a costa de una desgracia mucho peor, pues las llevaban cautivas –prisioneras– a la toldería, donde trabajaban de sirvientas y sufrían castigos brutales, además de aumentar el número de mujeres de los capitanejos o jefes. Terminada la matanza y el saqueo, las casas y los campos eran incendiados, y los indios huían rápidamente, arreando toda la hacienda que encontraban en su camino. (3)