(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2017-02-20 ω


8952pero en ningún modo sintieron ni oyeron cosa ni de la riña ni de la ausencia de Cornelia. Con esto, 8953oídas sus lecciones, se volvieron a su posada.

8954Llamólos Cornelia con el ama, a quien respondieron que tenían determinado de no poner los pies en su aposento, 8955para que con más decoro se guardase el que a su honestidad se debía; 8956pero ella replicó con lágrimas y con ruegos que entrasen a verla, que aquél era el decoro más conveniente, 8957si no para su remedio, a lo menos para su consuelo. Hiciéronlo así,

8958y ella los recibió con rostro alegre y con mucha cortesía; 8959pidióles le hiciesen merced de salir por la ciudad y ver si oían algunas nuevas de su atrevimiento. 8960Respondiéronle que ya estaba hecha aquella diligencia con toda curiosidad, pero que no se decía nada.

8961En esto, llegó un paje, de tres que tenían, a la puerta del aposento, y desde fuera dijo:
8962-A la puerta está un caballero con dos criados que dice se llama Lorenzo Bentibolli, 8963y busca a mi señor don Juan de Gamboa.

8964A este recado cerró Cornelia ambos puños y se los puso en la boca, y por entre ellos salió la voz baja y temerosa, 8965y dijo:
Mi hermano, señores; mi hermano es ése! Sin duda debe de haber sabido que estoy aquí,
8966y viene a quitarme la vida. ¡Socorro, señores, y amparo!

8967-Sosegaos, señora -le dijo don Antonio-, 8968que en parte estáis y en poder de quien no os dejará hacer el menor agravio del mundo. Acudid vos, señor don Juan, 8969y mirad lo que quiere ese caballero, y yo me quedaré aquí a defender, si menester fuere, a Cornelia.

8970Don Juan, sin mudar semblante, bajó abajo, y luego don Antonio hizo traer dos pistoletes armados, 8971y mandó a los pajes que tomasen sus espadas y estuviesen apercebidos.

8972El ama, viendo aquellas prevenciones, temblaba; Cornelia, temerosa de algún mal suceso, tremía; 8973solos don Antonio y don Juan estaban en y muy bien puestos en lo que habían de hacer. 8974En la puerta de la calle halló don Juan a don Lorenzo, el cual, en viendo a don Juan, le dijo:
-Suplico a V. S.


8975-que ésta es la merced de Italia- me haga merced de venirse conmigo a aquella iglesia que está allí frontero, 8976que tengo un negocio que comunicar con V. S. en que me va la vida y la honra.

8977-De muy buena gana -respondió don Juan-: vamos, señor, donde quisiéredes.

8978Dicho esto, mano a mano se fueron a la iglesia; y, sentándose en un escaño y en parte donde no pudiesen ser oídos, 8979Lorenzo habló primero y dijo:

8980Yo, señor español, soy Lorenzo Bentibolli, si no de los más ricos, de los más principales desta ciudad. 8981Ser esta verdad tan notoria servirá de disculpa del alabarme yo propio. Quedé huérfano algunos años ha, 8982y quedó en mi poder una mi hermana: tan hermosa, 8983que a no tocarme tanto quizá os la alabara de manera que me faltaran encarecimientos

8984por no poder ningunos corresponder del todo a su belleza. 8985Ser yo honrado y ella muchacha y hermosa me hacían andar solícito en guardarla; 8986pero todas mis prevenciones y diligencias las ha defraudado la voluntad arrojada de mi hermana Cornelia, 8987que éste es su nombre.

8988»Finalmente, por acortar, por no cansaros, éste que pudiera ser cuento largo, digo que el duque de Ferrara, 8989Alfonso de Este, con ojos de lince venció a los de Argos, derribó y triunfo de mi industria venciendo a mi hermana, 8990y anoche me la llevó y sacó de casa de una parienta nuestra, y aun dicen que recién parida.