Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
2246me lo contó un renegado de mi amo, veneciano, que se halló presente y entiende bien la lengua turquesca; 2247y lo que es menester ante todas cosas es buscar traza cómo Leonisa no vaya a mano del Gran Señor. 2248-Lo primero que se ha de hacer -respondió Mahamut- es que tú vengas a poder de mi amo; que, esto hecho, 2249después nos aconsejaremos en lo que más nos conviniere. 2250En esto, vino el guardián de los cautivos cristianos de Hazán, y llevó consigo a Ricardo. 2251El cadí volvió a la ciudad con Hazán, que en breves días hizo la residencia de Alí y se la dio cerrada y sellada, 2252para que se fuese a Constantinopla. Él se fue luego, dejando muy encargado al cadí que con brevedad enviase la cautiva, 2253escribiendo al Gran Señor de modo que le aprovechase para sus pretensiones. 2254Prometióselo el cadí con traidoras entrañas, porque las tenía hechas ceniza por la cautiva. 2255Ido Alí lleno de falsas esperanzas, y quedando Hazán no vacío de ellas, 2256Mahamut hizo de modo que Ricardo vino a poder de su amo. Íbanse los días, 2257y el deseo de ver a Leonisa apretaba tanto a Ricardo, que no alcanzaba un punto de sosiego. 2258Mudóse Ricardo el nombre en el de Mario, porque no llegase el suyo a oídos de Leonisa antes que él la viese; 2259y el verla era muy dificultoso, 2260a causa que los moros son en estremo celosos y encubren de todos los hombres los rostros de sus mujeres, 2261puesto que en mostrarse ellas a los cristianos no se les hace de mal; quizá debe de ser que, por ser cautivos, 2262no los tienen por hombres cabales. 2263Avino, pues, que un día la señora Halima vio a su esclavo Mario, y tan visto y tan mirado fue, 2264que se le quedó grabado en el corazón y fijo en la memoria; y, 2265quizá poco contenta de los abrazos flojos de su anciano marido, con facilidad dio lugar a un mal deseo, 2266y con la misma dio cuenta dél a Leonisa, a quien ya quería mucho por su agradable condición y proceder discreto, 2267y tratábala con mucho respecto, por ser prenda del Gran Señor. 2268Díjole cómo el cadí había traído a casa un cautivo cristiano, de tan gentil donaire y parecer, 2269que a sus ojos no había visto más lindo hombre en toda su vida, 2270y que decían que era chilibí (que quiere decir caballero) y de la misma tierra de Mahamut, su renegado, 2271y que no sabía cómo darle a entender su voluntad, sin que el cristiano la tuviese en poco por habérsela declarado. 2272Preguntóle Leonisa cómo se llamaba el cautivo, y díjole Halima que se llamaba Mario; a lo cual replicó Leonisa: 2273-Si él fuera caballero y del lugar que dicen, yo le conociera, más dese nombre Mario no hay ninguno en Trápana; 2274pero haz, señora, que yo le vea y hable, que te diré quién es y lo que dél se puede esperar. 2275-Así será -dijo Halima-, porque el viernes, cuando esté el cadí haciendo la zalá en la mezquita, 2276le haré entrar acá dentro, donde le podrás hablar a solas; y si te pareciere darle indicios de mi deseo, 2277haráslo por el mejor modo que pudieres. 2278Esto dijo Halima a Leonisa, y no habían pasado dos horas cuando el cadí llamó a Mahamut y a Mario, y, 2279con no menos eficacia que Halima había descubierto su pecho a Leonisa, 2280descubrió el enamorado viejo el suyo a sus dos esclavos, 2281pidiéndoles consejo en lo que haría para gozar de la cristiana y cumplir con el Gran Señor, cuya ella era, 2282diciéndoles que antes pensaba morir mil veces que entregalla una al Gran Turco. 2283Con tales afectos decía su pasión el religioso moro, que la puso en los corazones de sus dos esclavos, 2284que todo lo contrario de lo que él pensaba pensaban. Quedó puesto entre ellos que Mario, como hombre de su tierra, 2285aunque había dicho que no la conocía, tomase la mano en solicitarla y en declararle la voluntad suya; y, 2286cuando por este modo no se pudiese alcanzar, que usaría el de la fuerza, pues estaba en su poder. Y, esto hecho, 2287con decir que era muerta, se escusarían de enviarla a Constantinopla.
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