Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
1243que verdaderamente pensó que se ahogaba. Abrazáronse con él, sacáronle de aquel peligro, volvió en sí, 1244contó la burla de la gitana, y, con todo eso, cavó en la parte señalada más de un estado en hondo, 1245a pesar de todos cuantos le decían que era embuste mío; y si no se lo estorbara un vecino suyo, 1246que tocaba ya en los cimientos de su casa, él diera con entrambas en el suelo, 1247si le dejaran cavar todo cuanto él quisiera. Súpose este cuento por toda la ciudad, 1248y hasta los muchachos le señalaban con el dedo y contaban su credulidad y mi embuste. 1249Esto contó la gitana vieja, y esto dio por escusa para no ir a Sevilla. Los gitanos, 1250que ya sabían de Andrés Caballero que el mozo traía dineros en cantidad, 1251con facilidad le acogieron en su compañía y se ofrecieron de guardarle y encubrirle todo el tiempo que él quisiese, 1252y determinaron de torcer el camino a mano izquierda y entrarse en la Mancha y en el reino de Murcia. 1253Llamaron al mozo y diéronle cuenta de lo que pensaban hacer por él; 1254él se lo agradeció y dio cien escudos de oro para que los repartiesen entre todos. 1255Con esta dádiva quedaron más blandos que unas martas; sólo a Preciosa no contentó mucho la quedada de don Sancho, 1256que así dijo el mozo que se llamaba; pero los gitanos se le mudaron en el de Clemente, 1257y así le llamaron desde allí adelante. También quedó un poco torcido Andrés, 1258y no bien satisfecho de haberse quedado Clemente, 1259por parecerle que con poco fundamento había dejado sus primeros designios. Mas Clemente, 1260como si le leyera la intención, entre otras cosas le dijo que se holgaba de ir al reino de Murcia, 1261por estar cerca de Cartagena, adonde si viniesen galeras, como él pe[n]saba que habían de venir, 1262pudiese con facilidad pasar a Italia. Finalmente, 1263por traelle más ante los ojos y mirar sus acciones y escudriñar sus pensamientos, 1264quiso Andrés que fuese Clemente su camarada, y Clemente tuvo esta amistad por gran favor que se le hacía. 1265Andaban siempre juntos, gastaban largo, llovían escudos, corrían, saltaban, 1266bailaban y tiraban la barra mejor que ninguno de los gitanos, y eran de las gitanas más que medianamente queridos, 1267y de los gitanos en todo estremo respectados. 1268Dejaron, pues, a Estremadura y entráronse en la Mancha, y poco a poco fueron caminando al reino de Murcia. 1269En todas las aldeas y lugares que pasaban había desafíos de pelota, de esgrima, de correr, de saltar, 1270de tirar la barra y de otros ejercicios de fuerza, maña y ligereza, y de todos salían vencedores Andrés y Clemente, 1271como de solo Andrés queda dicho. Y en todo este tiempo, que fueron más de mes y medio, nunca tuvo Clemente ocasión, 1272ni él la procuró, de hablar a Preciosa, hasta que un día, estando juntos Andrés y ella, llegó él a la conversación, 1273porque le llamaron, y Preciosa le dijo:
-Desde la vez primera que llegaste a nuestro aduar te conocí, Clemente, 1274y se me vinieron a la memoria los versos que en Madrid me diste; pero no quise decir nada, 1275por no saber con qué intención venías a nuestras estancias; y, cuando supe tu desgracia, me pesó en el alma, 1276y se aseguró mi pecho, que estaba sobresaltado, pensando que como había don Joanes en el mundo, 1277y que se mudaban en Andreses, así podía haber don Sanchos que se mudasen en otros nombres. 1278Háblote desta manera porque Andrés me ha dicho que te ha dado cuenta de quién 1279es y de la intención con que se ha vuelto gitano -y así era la verdad; 1280que Andrés le había hecho sabidor de toda su historia, por poder comunicar con él sus pensamientos-. 1281Y no pienses que te fue de poco provecho el conocerte, pues por mi respecto y por lo que yo de ti dije, 1282se facilitó el acogerte y admitirte en nuestra compañía, 1283donde plega a Dios te suceda todo el bien que acertares a desearte. 1284Este buen deseo quiero que me pagues en que no afees a Andrés la bajeza de su intento, 1285ni le pintes cuán mal le está perserverar en este estado; que, 1286puesto que yo imagino que debajo de los candados de mi voluntad está la suya, todavía me pesaría de verle dar muestras, 1287por mínimas que fuesen, de algún arrepentimiento. 1288A esto respondió Clemente:
-No pienses, Preciosa única, que don Juan con ligereza de ánimo me descubrió quién era: 1289primero le conocí yo, y primero me descubrieron sus ojos sus intentos; primero le dije yo quién era, 1290y primero le adiviné la prisión de su voluntad que tú señalas; y él, dándome el crédito que era razón que me diese, 1291fió de mi secreto el suyo, y él es buen testigo si alabé su determinación y escogido empleo; que no soy, ¡oh Preciosa!, 1292de tan corto ingenio que no alcance hasta dónde se estienden las fuerzas de la hermosura; y la tuya, 1293por pasar de los límites de los mayores estremos de belleza, es disculpa bastante de mayores yerros, 1294si es que deben llamarse yerros los que se hacen con tan forzosas causas. Agradézcote, señora, 1295lo que en mi crédito dijiste, y yo pienso pagártelo en desear que estos enredos amorosos salgan a fines felices,
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