El gaucho Martín Fierro
Poema de José Hernández, publicado en 1872

518
Es para él como un juguete
escupir un crucifijo;
pienso que Dios los maldijo
y ansina al ñudo desato:
el indio, el cerdo y el gato
redaman sangre del hijo.

Canto V - 497 y ss.
La vuelta de Martín Fierro
Sobre que el indio, el cerdo y el gato derraman la sangre de sus hijos, transcribo la nota en la edición de E.F.Tiscornia:
SANGRE DEL HIJO, a) Cierto que antes de la predicación evangélica de los misioneros el indio, sin más norma que la de sus instintos feroces, ejercía poder absoluto sobre su familia, como lo apunta Barbará : 'Hasta mediados del siglo pasado los padres tenían el derecho de vida y muerte sobre sus hijos y mujeres'. (Vocab., p. 158.) Pero luego el respeto de la vida humana en la organización de su rudimentaria sociedad fué sagrado, y así el culto de los muertos sólo toleraba inmolar animales, jamás la criatura, y despertaba un sentimiento de religiosa veneración por las tumbas. Tal vez contempló Fierro algún sacrificio aislado, bastante a sublevar su corazón cristiano, como el que refiere Mansilla del bandido que, a fin de dar a su hijo muerto compañía en la tierra de resurrección, 'le inmoló un cautivito de ocho años, enterrándolo vivo con él, para que tuviese quien le sirviera de peón'. (Excursión, II, 97.)
b) La costumbre saturnina del cerdo tiene mención muy antigua. La horrible acusación es contra las madres. A las palabras de Plinio 'No es cosa prodigiosa comerse éstos sus hijuelos' (Hist. nat., 1. VIII. c. 51) pone Huerta esta anotación : 'Sufren largo tiempo la hambre, pero en estando fatigados della, principalmente las hembras, no solo no perdonan a su linage. comiéndose los lechoncillos ágenos, pero aun los propios suyos suelen tornar a su vientre, y aun muchas vezes los niños pequeños'. (p. 494.)
c) Igual acusación pesa sobre las gatas, pero la creencia vulgar es que, en este caso, la locura de amor determina el crimen. La madre debe ser redimida de semejante calumnia, y si el amor anda mezclado en esto es bajo otros aspectos del todo diferentes. Huerta dice lo bastante para no llamarse a engaño, anotando el c. 57, I. VIII. de Plinio: 'Son los machos en esta especie muy luxuriosos, y las hembras muy amigas de hijos: y assi... los solicitan con vozes y los llaman para quedar preñadas, pero en cumpliendo su deseo huyen dellos y se defienden : y por esta causa suelen los machos comerlas los hijos en pariendo, para que viéndose sin ellos tornen a admitirlos y solicitarlos
'.
ExpresiónSignificadoFuente
al ñudoSin motivo (HA)// En balde (WHH) // Inútilmente (EM). (2)
ansinaAsí también (HA). (2)
ansinaAsí nomás. (1)
ñudoNudo; "es al ñudo": es inútil. (3)
Sobre que el indio, el cerdo y el gato derraman la sangre de sus hijos, transcribo la nota en la edición de E.F.Tiscornia:
SANGRE DEL HIJO, a) Cierto que antes de la predicación evangélica de los misioneros el indio, sin más norma que la de sus instintos feroces, ejercía poder absoluto sobre su familia, como lo apunta Barbará : 'Hasta mediados del siglo pasado los padres tenían el derecho de vida y muerte sobre sus hijos y mujeres'. (Vocab., p. 158.) Pero luego el respeto de la vida humana en la organización de su rudimentaria sociedad fué sagrado, y así el culto de los muertos sólo toleraba inmolar animales, jamás la criatura, y despertaba un sentimiento de religiosa veneración por las tumbas. Tal vez contempló Fierro algún sacrificio aislado, bastante a sublevar su corazón cristiano, como el que refiere Mansilla del bandido que, a fin de dar a su hijo muerto compañía en la tierra de resurrección, 'le inmoló un cautivito de ocho años, enterrándolo vivo con él, para que tuviese quien le sirviera de peón'. (Excursión, II, 97.)
b) La costumbre saturnina del cerdo tiene mención muy antigua. La horrible acusación es contra las madres. A las palabras de Plinio 'No es cosa prodigiosa comerse éstos sus hijuelos' (Hist. nat., 1. VIII. c. 51) pone Huerta esta anotación : 'Sufren largo tiempo la hambre, pero en estando fatigados della, principalmente las hembras, no solo no perdonan a su linage. comiéndose los lechoncillos ágenos, pero aun los propios suyos suelen tornar a su vientre, y aun muchas vezes los niños pequeños'. (p. 494.)
c) Igual acusación pesa sobre las gatas, pero la creencia vulgar es que, en este caso, la locura de amor determina el crimen. La madre debe ser redimida de semejante calumnia, y si el amor anda mezclado en esto es bajo otros aspectos del todo diferentes. Huerta dice lo bastante para no llamarse a engaño, anotando el c. 57, I. VIII. de Plinio: 'Son los machos en esta especie muy luxuriosos, y las hembras muy amigas de hijos: y assi... los solicitan con vozes y los llaman para quedar preñadas, pero en cumpliendo su deseo huyen dellos y se defienden : y por esta causa suelen los machos comerlas los hijos en pariendo, para que viéndose sin ellos tornen a admitirlos y solicitarlos
'.
Anónimo,