428
Y las aguas serenitas
bebe el pingo trago a trago,
mientras sin ningún halago
pasa uno hasta sin comer,
por pensar en su mujer,
en sus hijos y en su pago.
El gaucho le llamaba "pago" al lugar donde había nacido o donde había vivido mucho tiempo, donde él era conocido y, a su vez, conocía a todos: gentes, establecimientos, campos y animales.